
Paraje campestre. Rancho. Fondo de campo con árboles y animales. Sonido de pájaros, vacas, toros, gallinas y ovejas. Un gaucho afila su facón al lado de un improvisado palenque. De la puerta del rancho, asoma de repende una mujer. Es la patrona y como tal inspira cierto respeto.
PATRONA (de manera autoritaria): ¡Marco!
MARCO: ¿Qué?
PATRONA: ¡Vaya hasta el fondo del campo y le dice a Rosendo que se venga para acá!
MARCO: Pero, señora, el campo tiene setencientas mil hectáreas...
PATRONA: Yo no le voy a repetir lo que tiene que hacer. Usted vaya...
Mientras Marco inicia su interminable caminata, sale el relator, quien desde un rincón comenta lo que va sucediendo. (El actor realizará paso a paso todo lo que el relator exponga. Deberá contar con una libreta -o cuaderno y lápiz- que haga las veces de diario. Ya escribe, ya acciona, ya simplemente va a caballo o camina.)
RELATOR: El gaucho sólo miraba el horizonte, y como si tuviera una brújula en el culo empezó a caminar exactamente hacia la casa de Rosendo. Marco inició su diario de viaje:
El primer día estuvo lindo. El sol arreció un poco a la mañana y unos ñanduces que miraban a lo lejos salieron corriendo al verme blandir una alpargata. Miraban desde el horizonte, con sus cuellos lánguidos como si fueran extrañas plantas que nacían desde la tierra; su plumaje era la flor, y la cabeza vendría a ser como un pedúnculo que creció mucho.
Día segundo: ¡Cómo llovió anoche! Pensé en que me gustaría estar adentro de mi catrera, calentito, con el farol prendido y tomando unos mates. Aparte, hace poco que cobré y todavía me queda medio kilo de galleta. Grasa hay, y en el barril tengo metidos unos chorizos que son de rechupete. En el mismo barril, con grasa también guardo los huevos; me encanta engrasarme los huevos.
Día Tercero: El caballo está muy duro. Voy a tener que parar un poco o seguir caminando o llevar el caballo arriba, o que el caballo vaya un poquito arriba y yo lo levante como si le doliera una pierna. Lo llevo a cocoyito o él me lleva a cocoyito; total en el lomo no le hago nada. Bueno, hoy tuve relaciones con mi caballo. Como tenemos que pasar mucho tiempo juntos, no decimos nada al respecto, como que lo olvidamos; pero quiero decirte, querido diario, que le pegaría un chirlo y lo largaría al campo.
Día cuarto: Tengo la barba crecida. Allá veo un caballo, deberá ser Rosendo.
RELATOR: Marco se quedó parado como ahorrando energía pensando en que debería retirarse un poco para el otro lado. De lejos se veía que un tipo venía andando en un caballo flaco, un poco más alto que el que él tenía. Al bajar del caballo empieza a apearse la extraña figura, a la que Marco no veía con claridad, porque estaba a contraluz.
MARCO: ¿Sos vos, Rosendo?... ¿Sos vos, Rosendo?... ¿Sos vos, Rosendo?... ¿Rosendo, sos vos?
(silencio)ROSENDO (cantando): "Me gusta el mar, tengo alma de navegante, mi bandera va adelante y mi corazón detrás...".
MARCO: ¡Rosendo! ¡Amigazo! (se abrazan) ¿Sabés que te iba a buscar a tu casa? Te llama la patrona.
ROSENDO: ¡¡¡AH!!! Yo me había venido despacito, despacito... salí en julio...
RELATOR: Y así, una historia de amor entre dos gauchos. Uno se encuentra con el otro en una extraña e imponente relación mágica que dice que la Pampa existe, pero que en breve será norteamericana. Gloria, loor y gratitud a estos últimos gauchos ingenuos.
Dr. Ricardo Vaporeso
4/8/1926